un dia julieta despertó y empezó el dia como si nada, tomó su desayuno e hizo todas las tareas pendientes, de pronto-sin darse cuenta cómo o porqué-comenzó a sentir un agujero en la panza
primero pensó que podía ser hambre, después de todo había trabajado mucho y bien merecía una buena comida...pero no, aún después de comer el agujero seguía ahí
julieta pensó y pensó qué podía hacer para taparlo, porque ahora no sólo sentía el agujero, ahora empezaba a sentir angustia, tristeza, nostalgia, no sabía exactamente qué sentia pero no era bueno y le estaba dando ganas de llorar
entonces decidió salir para averiguarlo, le preguntó a muchísima gente que se encontró en el camino, le preguntó a las nubes, le preguntó a la lluvia pero nadie le sabia responder y con cada paso que daba ella sentía que su panza pronto desaparecería...si no es que desaparecería toda ella
preocupada regresó a casa, ahí consultó con su café, con su almohada, con el techo de su cuarto...pero nada! nadie podía darle una respuesta...qué era lo que la tenia así? por qué de pronto había empezado a sentirse vacía?
ya no pudo más, cerró sus ojos y soltó el llanto, dejó que sus lágrimas mojaran su rostro y los sollozos inundaran la habitación, no se escuchaba nada más que su tristeza, nada más que su ahogada confusión
de pronto escuchó rechinar la puerta, levantó la cara, se limpió las lágrimas de los ojos y no pudo evitar la llegada de la gran sonrisa, era inevitable, era imposible no sonreir viéndolo ahí, en su puerta, grande, fuerte, latiendo por ella
fue entonces cuando comprendió que el agujero no estaba en la panza sino en su pecho porque había perdido su corazón y que lo que necesitaba no era alimento sino pedacitos de amor que poco a poco fueron llenando los huecos hasta que no sintió más vacío ni deseos de llorar, ni nostalgia, ni pesar
ahora sólo podía sonreir y observar cómo su corazón se ponía cada vez más cómodo en ese agujero que era justo para él y para nada ni nadie más
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